viernes, 12 de abril de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Confesiones inconfesables. Salvador Dalí

Pavel Tchelitchev me llevó por primera vez al Metro. Primero me sentí aterrorizado por el ruido y por la multitud, sofocado por una horrible sensación de claustrofobia, con la sensación de hallarme perdido. Cuanto más asustado estaba yo, más se divertía Tchelitchev, con lo que aumentaba más mi vergüenza y mi malestar. Además, me abandonó cobardemente en la estación siguiente. Me precipité hacia la salida como una persona que se está ahogando, que para respirar el aire que le falta lo arrolla todo a su paso. Llegado a la superficie, tardé un largo rato, malhumorado, en recuperar los ánimos. Tenía la impresión de haber sido vomitado por un monstruoso ano después de haber sido tumultuosamente batido por un intestino. No sabía dónde me encontraba, como escupido sobre una tierra desconocida, pequeño excremento inútil. Recuperé lentamente el dominio sobre mí. Y ¡oh milagro!, mi lucidez, mi orgullo, mi fuerza me volvieron instantáneamente con renovado vigor. Comprendí que acababa de vivir una gran iniciación. Este shock fue una revelación benéfica. Es necesario utilizar todas las vías subterráneas de la acción y del espíritu, borrar los rastros, surgir por donde menos se espera, vencerse sin cesar, no vacilar en sodomizarse el alma para que renazca más pura, más fuerte que nunca.
(Editorial Bruguera_1975_pág118)

miércoles, 2 de enero de 2013


"el interés por los individuos se ha convertido en una especie de chismorreo de masas"
Leo Lowenthal